Solo deseábamos lo mejor. Pero lo mejor a veces resulta
demasiado caro. Por eso cuando aquella clínica eugenesica de las afueras lanzo
su oferta de bebe a la carta a precios populares tampoco nos lo pensamos
demasiado. Escogimos a David moreno, con los ojos azules, inteligente y alto. El
embarazo transcurrió sin problemas. Pero el día del parto, nada mas ver la cara
del médico supe que algo iba mal. Entrando al quirófano me explico que los dos
estaban bien, pero que la eugenesia todavía no era una ciencia perfecta. Que me
reembolsarían el dinero. La verdad, yo no le escuchaba. No podía despegar mis
ojos de aquella cosa negra y peluda como un orco que mi mujer sostenía
aterrorizada entre sus brazos.