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Factor Warp y Teletransporte: ¿Ciencia ficcion o Realidad?

Espatrek 2000. Sabado 23 Septiembre 2000


Una de las grandes virtudes (y de las grandes servidumbres) de Star Trek es la gran coherencia que la serie mantiene dentro de su propio universo. Virtud, porque para el que sabe buscar, casi todos los elementos tecnológicos y científicos que aparecen en la serie tienen algún tipo de explicación o justificación, a veces extraordinariamente sofisticadas. Servidumbre, porque muchas veces esas explicaciones resultan estár redactadas en un lenguaje tan esotérico que provocan el desconcierto o la irritación del espectador no iniciado. Recuerdo que durante la proyección de "La nueva generación", en una determinada escena en que estába explicándose la naturaleza del Nexus, una perturbación espacio temporal con la que iba a enfentrarse la Enterprise, mí mujer se volvió hacia mí y me preguntó con voz bastante compungida "pero.. ¿qué están diciendo?. Y lo cierto es que en ese momento habría sido completamente incapaz de contestarle: ni yo mismo sabía de lo que estában hablando.
 

Un ejemplo clásico de está consistencia oscura de la serie lo tenemos en su sistema de propulsión MRL: el famoso motor de curvatura. El viaje más rápido que la luz es una necesidad ineludible en cualquier serie en la que exista la necesidad de viajar y comunicarse entre diferentes sistemas estelares. En efecto, el espacio podrá ser la última frontera, pero ante las inmensas distancias que existen entre estrella y estrella, más que frontera lo que parece es que existe un abismo casi imposible de saltar con los medios a nuestro alcance.
 

Ante un desafío de este tipo, la humanidad siempre ha reaccionado del mismo modo: "bueno, si está lejos, vayamos más deprisa". Sin embargo, vivimos en un universo con una curiosa particularidad: nada puede moverse más rápido que la luz. Y aunque la luz corre MUCHÍSIMO, ni siquiera esa vertiginosa velocidad es capaz de enfrentarse con el enorme vacío que separa a los planetas de nuestra galaxia.
 

Por ejemplo, las naves de la Federación están dotadas de un sistema de propulsión y maniobra constituido por un impulsor de fusión, una tecnología perfectamente concebible en la actualidad y que casi rozamos con la punta de nuestros dedos. Este motor, basado en la fusión de átomos ligeros de hidrogeno y deuterio para formar helio, con desprendimiento de una enorme cantidad de energía, permite teóricamente a la nave alcanzar la mitad de la velocidad de la luz. Un estátocolector Bussard le permite ir recogiendo hidrógeno del medio interestelar, de modo que la nave va fabricando su propio combustible durante el viaje. El problema es que un viaje de ida y vuelta a la estrella más próxima tardaría por estos medios la friolera de diez años... lo que sin duda puede hacer cada capítulo de la serie bastante interesante. Pero es que este ni siquiera sería el peor de los problemas. En efecto, conforme la nave se fuese aproximando a la velocidad de la luz, se vería cada vez más afectada por los efectos derivados de la relatividad especial. Los relojes de la nave se moverían cada vez más despacio con respecto a los de la Tierra, hasta que, al alcanzar la velocidad de crucero, un minuto a bordo correspondería a muchos minutos en el mundo real. El problema es que en estás condiciones, la tripulación de una nave en una misión de patrulla rutinaria por la zona neutral descubrirá horrorizada que su viaje de un par de semanas se ha convertido en un transito de veinte milenios sobre la superficie de la Tierra. Sin duda puede resultar francamente molesto quedar con tu novia para cenar a la luz de la luna para descubrir a la vuelta de tu viaje que ni siquiera existe ya la luna... por no hablar de la novia, claro.
 

Así pues, no se trata solamente de viajar tan rápido como sea posible, sino que al mismo tiempo habría que intentar evitar todos esos molestos efectos secundarios derivados del viaje a velocidades relativistas. En Star Trek, está contradicción se solucionó de un modo brillante mediante el concepto de subespacio y el motor de curvatura.. Según la física del universo de la serie, el continuo espaciotemporal está formado por espacio y subespacio. No se trata de una dimensión paralela ni nada por el estilo, ni un hiperespacio al estilo de Star Wars: el espacio y el subespacio son solidarios, de modo que a cada punto del espacio le corresponde un homólogo en el subespacio, aunque ambos están separados por algo llamado barrera subespacial. Sin embargo, el subespacio tiene una serie de propiedades ciertamente interesantes, la más importante de las cuales es que dentro del mismo, la luz no tiene aparentemente un límite mensurable. Otra propiedad interesante es que cuando se excita la interfase espacio-subespacio con un haz de plasma de determinadas características, como el que se produce mediante la reacción de materia antimateria en los cristales de dilitio, el espacio se deforma dando lugar a la aparición de lo que se conoce como un campo subespacial. Este campo envuelve a la nave, creando una burbuja de espacio normal rodeada de subespacio, que puede desplazarse respecto al universo que la rodea a una velocidad superior a la de la luz. Como en realidad la nave está todavía rodeada de espacio normal, y dentro de su burbuja se mueve a una velocidad muchísimo menor que la de la luz, no existen efectos relativistas: las naves pueden desplazarse a velocidades arbitrariamente altas, pero los relojes corren a la misma velocidad dentro que fuera.
 

Los campos subespaciales constituyen la espina dorsal de muchas de las tecnologías del universo de Star Trek. Los campos de deflexion, los escudos de protección de las naves, se basan en campos subespaciales. La tecnología de ordenadores de la federación se basa en el empleo de campos subespaciales y lo mismo podría decirse respecto de las comunicaciones. Estos campos se han convertido en una especie de varita mágica capaz de solucionarlo todo. El único problema es que desde la perspectiva de la física tal y como la conocemos hoy en día, los campos subespaciales no existen. ¿Significa esto que todo el universo de Star Trek se apoya en una entelequia sin sentido?. No necesariamente. En contra de lo que mucha gente cree, las leyes de Einstein no prohiben explícitamente ni el viaje en el tiempo ni el viaje hiperlumínico. En 1994, Miguel Alcubierre, entonces en la universidad de Gales en Cardiff, descubrió una solución de las ecuaciones de Einstein que permitía que una nave se desplazase entre dos puntos cualesquiera del espacio en un tiempo arbitrariamente bajo. En suma, que la propulsión a distorsión a velocidades hiperlumínicas era una posibilidad real.
 

Enunciado de este modo, parecería que está propulsión viola la teoría de la relatividad especial. Pero no es así. La teoría de la relatividad solo afirma que es imposible viajar más rápido que un rayo de luz que siga nuestra misma trayectoria. Pero puesto que estámos inmersos en un espacio tiempo curvo, existe la posibilidad de viajar más rápido que la luz si tomamos una trayectoria diferente, un atajo, entre dos puntos cualesquiera de ese espacio. En efecto, imaginemos el espacio como una lámina de goma tensa. Sobre la misma, un rayo de luz se movería en línea recta, y nunca seriamos capaces de adelantarle. Imaginemos ahora que situamos una masa sobre esa lámina de goma. El espacio se deforma, se curva en torno a la misma: la luz ya no sigue una trayectoria rectilínea sino curvada. Esto se demostró en un celebre experimento en el que, durante un eclipse solar, se observó la luz de estrellas que en ese momento se encontraban detrás del disco solar, luz que llegaba hasta nosotros debido a la curvatura del espacio originada por la masa del sol. Posteriormente, se han descubierto ejemplos más espectaculares de este fenómeno, como la llamada Cruz de Einstein, una preciosa fotografía tomada por el telescopio espacial Hubble, y formada por las cuatro imágenes de una lejano quasar producidas por la lente gravitatoria asociada a una galaxia situada veinte veces más cerca.
 

Ahora bien, si el espacio está curvado, y puede deformarse, la recta ya no es la distancia más corta entre dos puntos. En efecto, en el ejemplo de la lámina de goma, es evidente que para ir entre dos puntos Ay B entre los que existe una perturbación gravitatoria es más corto hacerlo rodeando a la misma que pasando por su centro. La solución de Alcubierre para el viaje hiperlumínico es de una sencillez deslumbradora: para viajar más rápido que la luz, solo es necesario deformar el espacio, de modo que la distancia que nos separa al punto de destino se haga más corta, y la distancia que hay hasta el origen se alargue. En nuestro ejemplo, lo que haríamos seria "arrugar" la superficie de la lámina, de modo que la nave se moviese siempre en la cima de la arruga, con lo que el camino a recorrer sería menor. Según el modelo de Alcubierre, la nave estáría rodeada por una burbuja de distorsión (según el mismo esquema seguido por Star Trek), dentro de la cual, un volumen de espacio normal se vería rodeado por una región del espacio que se contraería delante de el, y otra región que se expandiría para compensar esa contracción en su estela. más tarde, Krasnikov demostró que la creación de esa burbuja no podría llevarse a cabo dentro de la propia nave, sino desde un dispositivo externo, con lo que el viaje MRL correspondería más bien a la creación de un metro superlumínico: una nave sublumínica iría abriendo el túnel, que podría ser posteriormente recorrido por naves que se moviesen a través de la distorsión creada.
 

Las consecuencias del trabajo de Alcubierre son vertiginosas. De repente, ya no solo es posible el viaje hiperlumínico. También podría concebirse fácilmente un campo deflector, simplemente deformando el espacio en torno a la nave de modo que cualquier objeto que impactase contra ese campo se vería "desviado" por la curvatura y expelido fuera de nuestra trayectoria. Sería el equivalente a levantar un foso como el de los castillos medievales, un foso tan profundo como fuésemos capaces de concebir. Incluso los dispositivos de ocultación e invisibilidad son perfectamente realizables: solamente sería necesario crear un equivalente de la lente gravitatoria de la que hablamos más arriba de modo que la luz fluyese en torno a la nave, haciéndola invisible para un observador externo situado a cierta distancia.
 

Con lo dicho hasta ahora, daría la impresión de que estámos en el umbral de una nueva era. Sin embargo, existe un "pequeño" problema antes de que la propulsión a distorsión nos sirva para abrir la puerta de las estrellas: las soluciones de Alcubierre implican el empleo de energía negativa. Era algo de esperar, por supuesto: intuitivamente es concebible que si queremos distorsionar el espacio, en cierto modo es preciso utilizar gravedad negativa para conseguirlo. El problema es que hasta hace poco, la energía negativa era una entelequia tan espectacular como los campos subespaciales. Sin embargo, no todo está perdido, puesto que se ha descubierto que, al menos a nivel cuántico, la energía negativa si existe. En efecto, el vacío espacial no está en realidad tan vacío, sino sometido a una especie de burbujeo de partículas de vida efímera. Tan efímera, en realidad, que no somos capaces de percibirlas. Precisamente este burbujeo del vacío es el responsable de la evaporación de los agujeros negros. Durante mucho tiempo se pensó que nada era capaz de escapar de la atracción de un agujero negro. Sin embargo, Stephen Hawking demostró que los agujeros negros no duran para siempre: se evaporan. En efecto, a veces, durante el proceso de creación de uno de estos pares de partículas, una de las partículas cae dentro del agujero... mientras que la otra escapa. El resultado es que la energía total del agujero se ve disminuida, hasta que, eventualmente, se evaporaría.
 

La energía negativa cuántica tiene una serie de propiedades curiosas. Por ejemplo, un pulso de energía negativa es inversamente proporcional a su intensidad y a su duración temporal: un pulso intenso de energía negativa solo puede durar poco tiempo, mientras que un pulso débil puede prolongarse mucho mas. Todo pulso de energía negativa está compensado por un pulso de energía positiva que lo anula. Esto es algo semejante al principio de incertidumbre de Heisemberg: no es posible separar un pulso de energía negativa de su pulso espejo de energía positiva. Por ejemplo, podríamos pensar; «¡vale, yo quiero generar mí propio motor de energía negativa... cojo una "cajita", pongo una puerta, dejo que pase ese pulso de energía negativa, y cuando ha pasado ese pulso y ya lo tengo dentro de la caja, cierro la puerta de tal manera que el pulso de energía positiva que viene detrás se estrella contra la puerta, y ya tengo un pulso de energía negativa aislado...!». Pero el mundo cuántico no permite este tipo de fenómenos, en el momento de cerrarse la puerta el mismo hecho del cierre genera un pulso de energía positiva que cancela a la energía negativa que queríamos capturar
 

Con estás limitaciones, parece como si la existencia de energía negativa tampoco fuera a servirnos para gran cosa. Pero no todo está perdido. En efecto, mediante el llamado "efecto Casimir" es posible confinar la energía negativa dentro del volumen formado por dos placas extraordinariamente próximas. Se puede demostrar que la densidad de potencia de energía negativa que se puede conseguir con un dispositivo de este tipo depende de la cuarta potencia de la separación entre las placas. Sin embargo, esto implicaría que una densidad de energía muy alta precisaría de una separación entre las placas reducidísima... lo que hoy por hoy no resulta nada fácil de conseguir.
 

Recapitulando, Alcubierre demostró que el motor de curvatura era teóricamente posible sin vulnerar los principios de la relatividad especial de Einstein. Esas mismas soluciones permiten también la creación de agujeros negros y máquinas del tiempo. Sin embargo, todas estos dispositivos precisarían del empleo de energía negativa. La energía negativa existe en torno a nosotros, al menos a nivel cuántico, y es susceptible de ser extraída del vacío como demuestra el efecto Casimir. Pero la cantidad de energía que pueden conseguirse por estos procedimientos es ínfima... mientras que la creación de una burbuja de distorsión en torno a una nave de 200 metros de largo precisaría del empleo de un volumen de energía igual al generado por diez mil millones de estrellas en un año. Es evidente que aunque teóricamente posible, aún falta algún tiempo para que veamos una nave propulsada por un motor de curvatura recorriendo las estrellas...
 

Algo parecido sucede con la teleportación. Junto con el motor de curvatura, el teleportador es otro de los elementos emblemáticos de Star Trek. En efecto, la Enterprise es una nave preciosa... pero su aerodinámica deja bastante que desear. Los mismos elementos que la convierten en una eficaz nave de espacio profundo impiden que pueda posarse sobre una superficie planetaria. Podría pensarse entonces en el empleo de lanzaderas que llevaran a cabo está tarea, lanzaderas que, por cierto, existen en la serie. Pero hay que reconocer que abordar por sorpresa una nave romulana o rescatar a Kirk y a Mc Coy de la superficie de Rurapente utilizando lanzaderas podría convertirse en algo más semejante al famoso rescate fallido que intentaron los americanos durante la crisis de los rehenes en Teherán que a una operación exitosa. Era necesario un procedimiento que permitiera mover a la tripulación a otras naves y a las superficies planetarias sin demasiados problemas. Y la respuesta a este desafío fue el teleportador.
 

Todo el mundo ha visto alguna vez a un teleportador en funcionamiento. El sujeto se sitúa dentro de un área en la que existen 6 elementos circulares. A continuación, aparece un campo anular que delimita el volumen de espacio que va a ser teleportado. Una vez estáblecido ese campo de protección, se procede a la desmaterialización del individuo separando los átomos que lo forman y extrayendo la información de su posición y de su estádo. Estos átomos se van introduciendo en un buffer exactamente en la misma posición en la que han sido extraídos o desmaterializados del cuerpo. Cuando dicho buffer está completo (es una especie de copia de seguridad, puesto que el proceso requiere de la existencia de varios de estos buffer que se van pasando entre si la materia extraída), se envía a través de un campo que confina está materia con destino al punto de recepción de la teleportación. Una vez allí, se procede a la restauración del individuo combinando la información contenida en el buffer con los átomos transportados de modo que se recupera a la persona según su estructura original... pero en el punto de destino.
 

Este procedimiento de teleportación resulta muy espectacular, pero en cuanto se analiza mínimamente se descubre que está lleno de dificultades. De hecho, es sin duda uno de los elementos más incoherentes dentro del universo de la Star Trek, y el que más problemas ha dado. A lo largo de la serie hemos podido contemplar fallos del teleportador absolutamente espectaculares, como por ejemplo, el de aquel episodio en el que entraba un Kirk en el teleportador y debido a un fallo salían dos, uno de los cuales era bueno y el otro malo. Ya es duro justificar la aparición de dos copias del mismo individuo, pero intentar explicar la dualidad del bien y del mal en las mismas es simplemente excesivo. Otro célebre episodio en el que aparecen problemas con el teletransportador fue aquel en el que Riker desciende a la superficie de un planeta y debido a un malfuncionamiento de la máquina aparecen dos copias del mismo, una de las cuales quedo abandonada sobre la superficie... Lo cual no deja de ser curioso, porque el principio de funcionamiento del teleportador se basa en el transporte de la materia decohesionada. Es decir, si soy transmitido y mí masa corporal está formada, pongamos por mil átomos, si mis mil átomos son escaneados, metidos en un buffer, determinada su posición, y enviados a la superficie del planeta y como resultado del proceso aparecen dos copias mías, no sería descabellado preguntarse «¿y los 1.000 átomos "del otro yo".. de dónde han salido?, ¡porque a la maquina solo entraron 1000 átomos, pero en la salida hay 2000!».
 

Bueno, incoherencias de la serie aparte, la teleportación de por sí es un proceso con muchos problemas. El primero, y uno de los que en principio la serie no ha sido capaz de dar solución sin necesidad de recurrir a un Deus ex Machina absolutamente descarado, es la existencia del principio de incertidumbre de Heisenberg.

Heisenberg demostró que es imposible conocer al mismo tiempo la posición y la cantidad de movimiento de una partícula a nivel cuántico: se podría conocer una o la otra, pero nunca las dos. Esto significaba que si se escaneasen todos los átomos que forman parte de nuestro cuerpo existiría una clara imprecisión, y el resultado de dicho escaneo no se correspondería al cuerpo que había sido originalmente explorado. En la serie los guionistas eran perfectamente conscientes de la existencia de este principio de incertidumbre y resolvieron el problema mediante la introducción del llamado Compensador Heisenberg, un mecanismo prodigioso que, una vez activado, hace que el principio de incertidumbre poco menos que desaparezca durante el proceso de escaneo...
 

Otra dato curioso del mecanismo de la teleportación es la energía de desmaterialización. Nosotros mantenemos una existencia física tangible porque existe una energía que une nuestros átomos. Evidentemente si queremos desmaterializar algo tendremos que eliminar esa energía, para poder ir recogiendo cada átomo e introducirlo en el buffer. Se han hecho estudios y resulta que la energía de desmaterialización asociada a un cuerpo humano seria la asociada a una explosión atómica de un megatón de potencia, con lo cual, resulta que cada operación del teletransportador equivaldría en términos energéticos a la detonación de 6 bombas de hidrógeno dentro del radio de acción de la máquina. Tampoco resulta despreciable el volumen de información asociado a está operación. En efecto, la determinación de la posición, la velocidad, el estádo y el tipo de cada uno de los átomos que forman parte de nuestro cuerpo, equivaldría a unos 1028 bits de información, una cantidad de datos astronómica, sin duda. Además, todo este volumen de información habría que compactarlo de algún modo dentro del famoso buffer de transferencia y enviarlo al lugar de destino, para, una vez allí, utilizar esa inmensa cadena de información para la reconstrucción de nuestro cuerpo.
 

Por último, resulta relativamente sencillo concebir el proceso de desmaterialización y materialización del buffer desde el origen en la nave hasta el destino. Sin embargo, desde mí punto de vista uno de los grandes problemas del teleportador es que no solamente se utiliza para transportar a alguien desde la nave, sino que es posible recoger remotamente a una persona y enviarla de vuelta a la nave. ¿Qué significa esto? Pues que los escaners de la máquina (el radio de alcance del teleportador es de unos 70.000 kilómetros), ¡tienen la capacidad de discriminar en el espacio la posición de un átomo a 70.000 kilómetros de distancia!. Esto resulta, como mínimo, un punto bastante curioso.
 

Dicho todo esto podríamos considerar una vez más que, como tantas otras cosas en la serie, la teleportación es bonita pero imposible. No obstante, los hechos en cierto modo han venido a desmentir una vez más está creencia. Como comentamos más arriba, el principio de la incertidumbre de Heisemberg dice que no se puede conocer a la vez y con absoluta precisión la posición de un objeto y su cantidad de movimiento. Debido a esto, es imposible un escaneado perfecto, pues siempre existirían imprecisiones en el proceso. Sin embargo, en 1993 un equipo de investigación echó por tierra está idea asentada utilizando una característica fundamental de la mecánica cuántica: el entrelazamiento.
 

¿En qué consiste el entrelazamiento? Intuitivamente es bastante fácil de entender. Supongamos que tenemos un dado. Nosotros podemos arrojar ese dado y si el mismo no está cargado, cada vez obtendremos un resultado aleatorio. Imaginemos ahora que tenemos no un dado, sino dos, y que dichos dados han sufrido un proceso de entrelazamiento cuántico. ¿Qué sucedería?. Pues que cada vez que arrojásemos ambos dados, obtendríamos el mismo resultado en los dos. Lo más importante no es esto, sino que el tiempo que tardaría la información en pasar de un dado a otro sería "0", es decir, la información cambia instantáneamente en el átomo que se encuentra entrelazado con respecto al átomo original. Esto resulta sumamente importante y siempre ha despertado una gran expectación puesto que como mínimo, el entrelazamiento cuántico parece estár en la base de la creación de un Sistema de Comunicaciones Instantáneo.

Este propiedad cuántica fue descubierta por Einstein, Rosen y Poldoski hacia 1935. Normalmente a las partículas que la exhiben se las conoce como pares ERP.
 

¿Cómo puede utilizarse el entrelazamiento cuántico para producir un mecanismo de teleportación? Imaginemos que tenemos un fotón de luz y cogemos una propiedad del mismo como puede ser su polarización. Supongamos que tenemos en principio solo cuatro polarizaciones posibles; llamémoslas Arriba, Abajo, Izquierda y Derecha. El truco, por así decirlo, de la teleportación cuántica, consiste primero en la creación de un par de fotones ERP. Nosotros sabemos que de acuerdo con la propiedad de entrelazamiento que tienen, lo que le sucede a un fotón le sucederá automáticamente al otro. El problema es que de acuerdo con el principio de incertidumbre nosotros no podemos mirar en qué estádo se encuentra el fotón, porque en el mismo momento en que lo hagamos lo destruiremos.

¿Cómo solucionamos esto? Supongamos que queremos transportar un determinado fotón, y que tenemos dos fotones entrelazados que pueden estár tranquilamente situados en extremos diferentes de la galaxia. No existe ningún tipo de limitación en cuanto a la distancia que los separe, sabemos que lo que afecte a uno de ellos va a afectar automáticamente al otro. El truco de la teleportación consiste en que en lugar de intentar medir las propiedades de cada uno de estos fotones, cosa que sabemos que es imposible debido a Heisemberg, los combinamos y medimos la polarización de cada uno de ellos con respecto al otro. ¿Qué significa esto? Nosotros con está estrategia no estámos midiendo en realidad las propiedades del fotón, con lo cual no estámos vulnerando el principio de incertidumbre de Heisenberg. Lo que miramos es la polarización relativa del fotón de referencia respecto del fotón a transportar, sin conocer en ningún momento su valor exacto. Está medida es lo que se conoce como "estado de Bell" y la información de la misma se transmite al punto de destino por métodos convencionales, como pueda ser una señal de radio. ¿Cuál es el paso siguiente?. La alteración derivada de la combinación del fotón que queremos transportar con el extremo del par ERP que tenemos en el origen se ha transmitido instantáneamente desde el mismo al punto de destino. Sin embargo, el que está en el punto de destino no sabe lo que ha sucedido, no tiene modo de saber cual es el estádo de Bell asociado a esa alteración. Cuando llega la información de la medida del estádo relativo de ambos fotones por el canal convencional, el señor que está en el punto de destino puede aplicar la transformación correspondiente para obtener un fotón que tenga exactamente las mismas características del que utilizamos en el punto de origen... y la teleportación del fotón ha concluido.
 

Llegados a este punto cualquiera se preguntará "¿pero no ibas a hablar de teleportación?, ¡y ahora me estás diciendo que solo has averiguado la polarización del fotón de origen y ni siquiera has transportado esa información por encima de la velocidad de la luz, sino que necesitas transmitirla por un canal convencional para recrear al fotón original ...!».
 

El truco consiste en que en realidad lo que se están transfiriendo son todas las características del fotón de origen, no solo la polarización, de modo que el fotón que obtenemos como salida en el punto remoto es una copia idéntica del mismo. Esto es debido a que tiene las mismas propiedades y la misma función de estádo: a nivel cuántico, no hay manera de distinguir el fotón que entró del fotón que salió.
 

Se ha demostrado que la teleportación cuántica implica automáticamente la destrucción del fotón que se introduce en el teleportador. Es decir, no existe lo que se denomina la clonación cuántica, que nos serviría para vulnerar el principio de incertidumbre. ¿En qué consistiría esto? Muy sencillo, yo no cojo un objeto, lo pongo en un lado, lo envío al otro, y tengo dos objetos idénticos como en el caso de Kirk y Riker. En la teleportación cuántica se ha demostrado que esto es imposible porque el objeto que se transmite resulta destruido por el proceso de transferencia y no puede ser duplicado
 

La teleportación cuántica a nivel fotónico es un hecho. A día de hoy, existen muchos laboratorios en el mundo donde han conseguido la teleportación de fotones de un sitio a otro a una distancia arbitrariamente grande, y como curiosidad, para la creación de los pares ERP se utiliza un láser que incide sobre un cristal de ¡Borato de Bario Beta!, con lo cual uno descubre que frases de Star Trek como los Cristales de Dilitio, en el mundo real tampoco están tan separadas de la realidad.
 

Existe así mismo un laboratorio francés que ha conseguido entrelazar cuánticamente átomos, con lo cual podemos considerar que la teleportación de los mismos se encuentra ya casi a la vuelta de la esquina. No es descabellado prever que la teleportación de moléculas más o menos complejas pueda tener lugar dentro de los próximos 10 años. Lo que pueda venir después de este hito, es algo que lógicamente no conocemos...
 

¿Pero, cuáles son los problemas asociados a la teleportación cuántica? Uno de los más importantes es lo que se conoce como decoherencia. ¿Qué es la decoherencia? La decoherencia es la perturbación de la fuente de origen debido a cualquier tipo de actuación externa, por ejemplo, la radiación térmica procedente de la cámara en la cual tiene lugar la experiencia. Este fenómeno puede alterar el estádo cuántico de los pares ERP y hacer que la teleportación no tenga lugar. De hecho, el porcentaje más alto de teleportación que se ha conseguido a día de hoy está en un 80% de los casos. ¡Imaginad si se transmiten tan sólo el 80% de los átomos de vuestro cuerpo cuando este entra por el teleportador, lo que podría salir por el otro lado!. La decoherencia es un problema importante, cuya magnitud crece conforme aumenta el número de átomos que queremos transportar a través de este procedimiento.
 

Otro problema que ya hemos comentado es el del volumen de información asociado a este proceso. Transmitir un fotón es relativamente sencillo. Un átomo es bastante más complicado pero tampoco tiene unas limitaciones de información excesivamente complejas . Existen estudios bastante avanzados para intentar la transmisión remota de un virus. Pero para la teleportación del mismo, el más sencillo que podamos concebir, !se necesita la friolera de 108 bits de información!. Si nos vamos ya a la teleportación de un gramo de materia, estámos hablando de 1024 bits de datos y eso ya no hay hoy en día ordenador capaz de procesarlo.
 

El último gran obstáculo que podríamos plantear con respecto a la teleportación, es un problema más bien de carácter filosófico. Evidentemente si yo transmito una botella de agua a Alfa de Centauro y la botella aparece allí, nadie se va a plantear si la botella tiene mente o no tiene mente: es solo un conjunto de átomos ordenados de una determinada manera. Sin embargo, si soy yo el que entra en el teleportador, afirmar que mí mente es el resultado exclusivamente de un proceso cuántico resulta algo, como mínimo, arriesgado, sin entrar ya en consideraciones como la de la existencia del "alma" que preocupan a tantos de los habitantes de este planeta, o al hecho de que técnicamente se ha cometido un asesinato en el origen al desmaterializar al original. El pensar que cuando nosotros nos introduzcamos en un teleportador, la persona que va a salir por el otro lado vamos a ser nosotros mismos, ciertamente invita a la reflexión a la hora de utilizar un sistema de transporte de este tipo.
 

Siempre me ha resultado fascinante el descubrir cómo una serie como Star Trek, que en principio no tendría por qué tener un soporte científico excesivo, (ni creo que fuera la intención de los creadores de la misma el que lo tuviera), por determinadas circunstancias parece haber conseguido que la física vaya siguiendo en cierto modo los caminos que ha ido abriendo a lo largo de los años. No creo que ninguno de los aquí presentes lleguemos a ver en nuestra vida un motor de curvatura. Tampoco creo que lo vea mí hijo, ni posiblemente el hijo de mí hijo. Pero ciertamente la posibilidad de que un motor de este tipo o un teleportador exista es algo que hoy en día ya no puede ser absolutamente descartado. Y eso siempre invita a la esperanza y a la ilusión de que algún día, quizás, consigamos alcanzar esas estrellas que nos miran desde lo alto.
 

© Cristóbal Pérez-Castejón Carpena 2000


 

 

© Cristóbal Pérez-Castejón Carpena  2003-2004 Ultima actualización 14-11-2004