El sueño del Fevre
Hay libros cuya
existencia es considerada por muchos prácticamente como una leyenda.
Son obras muy difíciles de encontrar, que solo aparecen muy de tarde
en tarde en los mercados de segunda mano y que, como norma, no han
sido reeditadas desde hace muchos años. Y sin embargo, a juicio de
aquellos escasos afortunados que han tenido acceso a las mismas, son
casi siempre libros indispensables, a veces autenticas obras maestras
en su genero que yacen perdidas y olvidadas en los altibajos del
mercado editorial. Es cierto que en algunas ocasiones, cuando uno
accede por fin a una de estas supuestas maravillas acaba por descubrir
que su calidad esta bastante por debajo de las expectativas
despertadas, pues el mito procede tan solo de su rareza, no de su
valor. En otros casos, sin embargo, la novela merece plena y
sobradamente el aura de leyenda que el tiempo le ha otorgado. Para mi,
“El sueño del Fevre” pertenece a esta segunda categoría. A primera
vista, uno podría pensar que se trata tan solo de una novela de
vampiros mas. Pero no es así. Una de las cosas que primero llama la
atención del libro es lo poco habitual del escenario de la acción. En
efecto, casi toda la obra transcurre en el río Mississipi durante el
periodo del auge de los grandes vapores. Además, la novela nos ofrece
un enfoque del vampirismo que, respetando los tópicos clásicos del
genero, los integra en una visión sorprendentemente consistente en la
que mito y realidad marchan perfectamente de la mano. Los vampiros de
este libro parecen vampiros y se comportan como vampiros, pero al
mismo tiempo también son seres capaces de tener, e incluso merecer, su
propio lugar bajo el sol... o entre las sombras y la oscuridad. Por
ultimo, otro punto que sorprende agradablemente es la ductilidad de su
estructura narrativa. En efecto, “El sueño del Fevre” recuerda en
muchas ocasiones al río que sirve de fondo omnipresente a la
narración. A veces sus paginas se llenan de vigorosos remolinos que
alteran sorprendente y radicalmente el punto de vista del lector. A
veces la acción, rápida y bulliciosa, te arrastra a través de la
lectura con su ritmo trepidante y desenfrenado. Y a veces la novela se
desarrolla serena y majestuosa, imbuida de una rara belleza, como la
que uno puede encontrar en una hermosa puesta de sol sobre las aguas
tranquilas. Porque en esta obra, como en el río, hay bastante mas de
lo que parece a simple vista. Y la historia de vampirismo que las
primeras paginas esbozan da paso, conforme avanza la lectura, a una
preciosa reflexión sobre los sueños de los hombres, y como esos sueños
pueden acabar siendo el motor de toda una vida, aunque nunca lleguen a
hacerse realidad. Ese, y no otro, es el motivo principal de esta
novela: la historia de cómo dos seres, pertenecientes a especies
diferentes y enemigas, son capaces de compartir un destino común
olvidando sus diferencias bajo la protección y el amparo de sus
ilusiones mas preciadas. Una obra maravillosa que acaba hipnotizando
como la mirada de las criaturas de la oscuridad, y cuyo hechizo solo
se ve roto por el magnifico y melancólico final.
© Cristóbal Pérez-Castejón Carpena 2002