La sombra del Hegemon
Revista 2001, nº 3
Las palomitas tienen para muchos un poder casi adictivo. Muchas veces
uno se sienta delante de un bol y comienza a comerlas a puñados. Y
para cuando queremos darnos cuenta el bol esta vacío... mientras que
nuestro apetito permanece prácticamente intacto. Algo parecido sucede
con Card. Muchas de sus obras se leen prácticamente solas, afinadas
con un estilo que el autor ha ido depurando a lo largo de su carrera
hasta convertirlo prácticamente en un arte. Desgraciadamente en La
sombra del Hegemón las palomitas le han quedado rancias. Tenia que
pasar. Con tanto abusar una y otra vez de los mismos elementos, alguna
vez tenia que fallarle la receta. La novela aparece plagada de
personajes huecos, vacíos, carentes de interés. La presciencia de Bean
aburre, los temores de Petra no convencen. Y el hermano de Ender,
quizás el que mas expectativas despertaba, aparece tan diluido que
prácticamente es como si no existiera. Es cierto que en muchas paginas
todavía se siente la magia tan característica de este autor. En otras
en cambio Card se pierde en interminables diálogos tan salpicados por
el contrapunto de los pensamientos del protagonista que se vuelven
prácticamente insoportables. La novela se vende además como una
maravilla de análisis geopolítico y del pensamiento estratégico. Pero
en muchas ocasiones lo único que consigue es provocar vergüenza ajena
viendo como se intentan trasladar las mismas tácticas de siempre a
escenarios donde son inaplicables. Y todo esto sin tener en cuenta la
sorprendente terminología. ¿Dónde se explica antes de este libro que
es un jeesh?. ¿Por qué ahora se habla de fórmicos mientras el termino
insector permanece piadosamente olvidado?. Mi conclusión es que Card
ha intentado volver a utilizar la receta que tantas veces le ha
conducido al éxito. Pero en vez de un bol de palomitas ha conseguido
cocinar un churro de cuidado.
© Cristóbal Pérez-Castejón Carpena 2002